Actualización 19 de junio 2019: La reciente investigación oficial de Naciones Unidas sobre el brutal asesinato de Jamal Khashoggi nos ofrece ya una imagen clara de los últimos minutos de vida del periodista en el Consulado saudí en Estambul, redirigiendo las sospechas sobre el Príncipe Real Mohammed bin Salman y la persecución de sus disidentes.

Invadidos por una enorme tristeza, recordamos nuestra última colaboración con el periodista Saudí Jamal Khashoggi. Desde Common Action Forum (CAF) queremos extender nuestras más profundas condolencias a su familia, amigos y demás seres queridos, así como compartir nuestra indignación y absoluta preocupación por las circunstancias en torno a su muerte y la innacción internacional al respecto.

Khashoggi formó parte de la convocatoria de nuestro Foro Anual del 2015, para hablarnos precisamente de gobiernos y liderazgos aferrados al poder, que temen y tratan de resistirse al cambio. Nos conminó a no reaccionar a la manera de siempre, sino a reformar y buscar nuevos sistemas de manera proactiva, pesiguiendo una visión de futuro mejor. Esta llamada no pudo resultar más pertinente, considerando cómo poderes globales, instituciones y sociedad civil deben aún enfrentar esta terrible tragedia. No podemos apoltronarnos en la pasividad para con los actos del soberano de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, y para con la red de intereses nacionales e internacionales que sostienen su régimen.

Mientras se suceden las violaciones de derechos humanos en Arabia Saudí, aliados como Estados Unidos continúan con sus negocios sin pestañear siquiera, haciendo gala de un completo menosprecio a sus supuestos compromisos con los principios liberal-democráticos. Sólo ha habido condenas descafeinadas y tímidas solicitudes de explicaciones a lo largo y ancho de Occidente y Europa, pero ni una sola reacción verdadera. Ni una sola llamada a la sanción del régimen de bin Salman, que está silenciando toda disidencia en su país de manera abierta sistemática. Sólo observamos, para varirar, un episodio más de la constante capitulación ante un gobernante que pretende distraer de sus políticas autoritarias y persecución generalizada de la libertad de expresión mediante visos de reforma socioeconómica

Es más, casi como en una nefasta premonición de lo que estabapor venir, Jamal nos habló en 2015 precisamente de esta falta de asunción internacional de responsabilidades, y del coste que tiene para nuestra sociedad global: “Grandes actores como los Estados Unidos, como Europa, renuncian a involucrarse en las cuestiones capitales de regiones como Ucrania o Siria, por ejemplo, y sí lo hacen actores no-estatales y países, desafiando leyes y regulaciones internacionales. Son ellos los que están arruinando la política. Y no digo que esté herida de muerte, pero definitivamente sí que está deteriorándose.”

Aunuqe Khashoggi fuese crítico con las políticas de bin Salman, no dejaba de ser un periodista Saudí, un autor y activista que amaba su país y que en nuestri foro de 2015 no dejó de hablar sobre como él y sus compatriotas atesoraban su hogar. Durante algo más de un año vivió en un exilio autoimpuesto en Estados Unidos, después de ver cómo bajo el nuevo príncipe empeoraban la persecución y los arrestos masivos de activistas por los derechos de las mujeres, de críticos con el régimen y de miembros rivales de la familia real. Desde allí Khashoggi escribió para el Washington Post, tratando de dar vos a aquellos que en casa estaban entre rejas, lamentándose haberse visto forzado a huír, no dejando de creer, sin embargo, que ese exilio insoportable era una oportunidad para luchar por la libertad. Khashoggi no es el primer exiliado saudí por el que bin Salman ha cruzado sus propias fronteras para devolverle sus grilletes, pero esta es desde luego la primera vez que lo ha hecho de un modo tan descarado, brutal e inhumano en pleno ámbito internacional.

Como su prometida y nuestro Presidente y Co-Fundador Wadah Khanfar han rogado, en lugar de centrarnos en lo espeluznante y perverso de estos hechos, es vital que proyectemos la integridad y fuerza de Khashoggi para hacer el bien. Debemos trabajar para que este trágico evento sea un vehículo del cambio por el que él luchó con el fervor y el valor que le fueron tan característicos. Khashoggi tuvo la claridad de pedir una reforma auténtica, retando al mundo a convertirse en un espacio de progreso. A lo largo de su carrera fue Gestor y Editor Jefe del canal Al-Arab News y Editor para el periódico Al-Watan daily, colaborando con otros diarios y publicaciones como for el Okaz el Al-Sharq al-Awsat y el Al-Hayat. Durante sus últimos meses proveyó a periodistas y responsables políticos de todo el mundo de una mirada inestimable sobre lo que ocurre en Arabia Saudí. Durante toda su vida Jamal consagró su trabajo a traer la luz y la esperanza al mundo árabe, y sería demasiado injusto consentir que estos últimos y deleznables actos de tiranía ensombrecieran todo su esfuerzo. 

Así que, mientras permanecemos sumidos en una tristeza y una consternación inexplicables, debemos asegurarnos de que Jamal Khashoggi es el catalizador del mismo cabio que ya encarnó durante su vida. Acciones y reformas reales, más allá de todo proceso o evento, son ahora más imperativas que nunca. Sus palabras y su tabajo deben llevarnos aún más lejos, más allá de la represión y de sistemas de poder obsoletos, a un orden que represente la libertad verdadera para nuestra ciudadanía global. Allí donde su ausencia deja un doloroso vacío, su legado nos invita a llenarlo prosiguiendo con su infatigable, valiente e imprescindible curzada.

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