“No sabemos en qué situación están los civiles que se encuentran en las zonas de Mosul controladas por los yihadistas. Va a ser una guerra difícil”

Con más de 25 años trabajando para resolver crisis humanitarias en distintos países del mundo -desde la ex Yugoslavia hasta el Sudeste asiático-, Amin Awad se ocupa ahora de la crisis regional que han originado los conflictos en Siria y en Irak como director del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para Oriente Próximo y Norte de África. Sabe de lo que habla, pues es nacido en Sudán, un país golpeado por la guerra civil más larga de África. Tras participar en el Common Action Forum celebrado en Madrid -un encuentro para debatir y dar respuesta al crecimiento de los radicalismos-, Awad concedió una entrevista a EL MUNDO.es en la que se centró en la situación de Mosul y Alepo, pero también en la crisis de los migrantes y refugiados en el Mediterráneo y en la guerra de Yemen.

Un mes después del inicio de la ofensiva para arrebatar Mosul al Estado Islámico, el 16 de octubre, ¿cuál es la situación humanitaria?

Conforme las tropas gubernamentales vayan entrando en Mosul, tenemos el cálculo de que más de 700.000 personas podrían huir de la ciudad. Al mismo tiempo, algunos desplazados van retornando a sus pueblos cuando éstos van siendo limpiados [de yihadistas]. Ya hemos visto esto en algunas aldeas alrededor de Mosul. Así que si estas tendencias continúan, esperamos poder responder a las necesidades de estos refugiados y estar preparados para ayudarles en su regreso a sus hogares.

¿Tienen noticias sobre la situación de los civiles dentro de las zonas de Mosul que controla el Estado Islámico?

En algunas áreas, tienen libertad de movimientos pero se ven obligados a decidir si quedarse o huir y enfrentarse al fuego de los enfrentamientos, a los bombardeos o los choques entre los ejércitos que están en el terreno. Pero sabemos que en otras áreas están siendo retenidos contra su voluntad. Nuestra información no está actualizada en la medida en que el ejército iraquí y las milicias chiíes y kurdas entran en Mosul, ya que no tenemos contactos y no sabemos en qué situación están los civiles de dentro. Precisamente por esto, va a ser una guerra difícil.

Vemos cómo en Siria, y en particular en Alepo, una tregua sucede a otra sin más efecto que la continuación del conflicto de una forma más brutal si cabe. ¿Sirven para algo las treguas humanitarias o sólo son beneficiosas para que los beligerantes se rearmen?

Cualquier pausa humanitaria ayuda a los civiles, aunque por supuesto también beneficia para que las partes enfrentadas se rearmen. Pero cualquier tregua humanitaria -incluso si son de una hora- es importante para dar un desahogo a los civiles, para que puedan hacer acopio de comida, moverse de un lugar a otro, realizar ciertas tareas… Lo que necesitamos es que las treguas sean sostenibles en el tiempo. Alepo es un factor de cambio. Si hay un acuerdo en Alepo creo que podrían encontrarse pactos similares en otras partes del país. Dicho esto, Alepo avergüenza a toda la humanidad. Podría haberse evitado esta catástrofe. Esto está durando demasiado. Hay demasiados países envueltos en este conflicto y ese es el verdadero problema. No se puede continuar así. Hay que encontrar un acuerdo político que lleve a negociaciones para lograr el final del conflicto.

Libia es otro país donde la inestabilidad ha facilitado la expansión de grupos como el Estado Islámico.

Los últimos esfuerzos de la ONU para asegurar el GNA [el Gobierno de Unidad Nacional respaldado por Naciones Unidas] han colapsado, aunque los tres gobiernos que coexisten en el país saben que no es posible que uno prevalezca sobre el otro. Así que hay que encontrar un acuerdo entre las facciones. Lo que es peligroso en Libia son los grupos extremistas que están presentes: me refiero al Estado Islámico y a otros. Y tenemos el problema de los movimientos de migrantes subsaharianos. Anualmente, 250.000 personas cruzan el Mediterráneo y el 90% lo hace a través de Libia. Así que es del interés internacional restaurar la paz y el orden en Libia para evitar su colapso total y frenar a los tres tipos de grupos que se dedican al crimen organizado a la sombra del caos político: los traficantes de seres humanos y los contrabandistas de drogas y de armas. En Libia hay unos 30.000 refugiados (eritreos, etíopes, sudaneses, sirios, palestinos y de otras nacionalidades) y decenas de miles de migrantes. Muchos, detenidos en malas condiciones, encerrados y maltratados. Necesitamos buscar mecanismos para ayudarles porque las autoridades locales no son capaces de regular este problema ni de detener a las mafias. Nadie está mirando lo que ocurre allí.

Otro conflicto olvidado para la comunidad internacional es Yemen.

En Yemen, 20 millones de personas necesitan ayuda humanitaria. Hay tres millones de desplazados. Pese a los bombardeos de la coalición, la guerra entre facciones y los grupos extremistas, el caos y el colapso total del país, lo que uno no puede creer es que Yemen está recibiendo entre 7.000 y 10.000 personas al mes. Son migrantes y refugiados. Actualmente hay unas 250.000 personas esperando en Yemen para ir a alguna parte con el sueño de tener una oportunidad de vida. Esto demuestra que el modelo de negocio de los grupos criminales que trafican con seres humanos es exitoso. ¿Cómo pueden engañar a decenas de miles de personas cada año, muchos de países como Eritrea, Etiopía o Somalia, y convencerles de pagar dinero para ir a Yemen, pese a estar en guerra?

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